LA FERIA DEL LIBRO

por Israel Alonso

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Hubo un apuñalamiento en el stand de Etiquetas de Champú. La víctima fue un crítico literario que había escrito pestes sobre el último trabajo de Laurencio Sputnik, “Esencias de Madreselva”. La verdad es que el texto era infumable, pero no más que el de “Papeles Quemados”, cuyo autor también firmaba en la zona de Librillos de Fumar y a quien el mismo crítico elogió hasta quedarse sin tinta. Lo curioso del hecho es que ni siquiera fue Sputnik quien esgrimió el arma blanca que causó la muerte por trece puñaladas, trece, al alopécico criticante.

            El forense llegó a levantar el cadáver un poco tarde porque estaba firmando multas en la caseta de la librería que la Policía había colocado en la feria ese año, pero cuando llegó fue todo un espectáculo. Aplauso, vítores, ya se sabe, lo típico.

            Cuando uno de sus ayudantes estaba dibujando la silueta con tiza del escritor finado tuvo algún tipo de revelación mística, llamémoslo equis, y le dio por firmar la silueta, con grandes trazos. Y claro, hubo fotos, hubo prensa y a los diez minutos ya había ciento diecisiete fans atosigándole para que les dedicara su propia silueta. Había nacido una estrella.

            Tanto es así que Don José Sandevil, editor y profeta, corrió que se las peló a un contenedor cercano, se hizo con unas cuantas cajas de cartón y a golpe de rotulador indeleble y cinta americana montó un stand improvisado en cuyo rótulo podía leerse: SILUETAS DE TIZA. FIRMA DE EJEMPLARES.

            Todo un espectáculo.

            Mientras tanto, en la sala B de la feria, entre catas de Cartojal y faralaes literarios, un grupo de escritores de la categoría Tinta Invisible Imaginativa hacía lo que podía por presentar su nuevo libro, cuyo título resultaba ilegible sin la pertinente luz ultravioleta.

            Entre el público, Madeira Viñuergas, de la Asociación de Personas y Animales Que Leen Porque Les Da La Gana (AQUEPELA), sufrió de pronto un ictus y tuvo que salir de la sala, alzada por encima de las cabezas pensantes concurrentes por los siempre dispuestos miembros, miembras y membretes de la Peña de Cargadores y Escritores/Cantaores de Saetas Los Pollitos de Nuestro Padre (LAPEÑA).

            La responsable de la editorial, celebre en el submundo literario por haber escrito una vez cuatro letras en una servilleta (que unidas al “Gracias por su visita” devinieron en una de las más laureadas trilogías del año pasado) carraspeó un total de diecisiete veces, para contubernio y mosqueo de los escritores del stand de Carraspeos (FIRMA DE EJEM…PLARES) que pasaban por allí, que fueron raudos a exigir derechos de autor, de imagen e incluso de pernada.

            El de la barra, que estaba haciendo su agosto en mayo con las macetas de rebujitos y firmando airoso ejemplares de su última autobiografía no autorizada, no pudo contenerse y lloró de la emoción.

            La Feria del Libro volvía a ser un éxito rotundo.

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