LA SENDA ES PELIGROSA

por Israel Alonso

nave

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Serena se dedicaba a las carreras ilegales. El módulo de salto era un modelo pirata, preparado para surcar el cosmos a velocidades inimaginables.

La bestia salvaje de la nave de su rival le estaba pisando los talones cuando efectuó un nuevo salto, obligando a replegarse al espacio-tiempo cuando las partículas de su Prius desaparecieron y volvieron a entrelazarse a cientos de años luz de donde estaban.

El robot copiloto frenó una milésima de segundo tarde. No estaba programado para ir tan deprisa, así que Serena no se lo tuvo en cuenta.

—¿Hemos…?

—Hemos atropellado a alguien —dijo el robot.

—Algo —respondió Serena en un hilo de voz.

Alguien —repitió el androide, revisando de nuevo los datos de la consola.

Serena encendió las cámaras externas y contempló atónita al ser de aspecto humanoide que flotaba, efectivamente atropellado por la nave.

Barba blanca larga, túnica blanca y un triángulo con un ojo dentro que levitaba a escasos centímetros de su calva cabeza.

—Joder —dijo ella.

Nietzsche se habría reído mucho, de haberlo visto.

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